"La
continuación de la autoridad en un mismo individuo
frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos.
Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas
populares, porque nada es tan peligroso como dejar
permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El
pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a
mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía....
En el régimen absoluto, el poder autorizado no
admite límites. La voluntad del déspota es la Ley Suprema,
ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan
de la opresión organizada en razón de la autoridad de que
gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas,
militares y religiosas...
La esclavitud
es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un
instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición,
la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de
hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o
civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones;
toman la licencia por la libertad, la traición por el
patriotismo, la venganza por la justicia....
Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto
vuelve a perderla...que el imperio de las leyes es más poderoso que el
de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe
someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y
no la fuerza, son las columnas de las leyes que el ejercicio
de la justicia es el ejercicio de la libertad...
Meditad
bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais
a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá
elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si
vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le
espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio
tutelar de Venezuela, que debe inspiraros el acierto al
escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais a
adoptar para la felicidad del pueblo; si no acertáis,
repito, la esclavitud será el término de nuestra
transformación...
Los anales
de los tiempos pasados os presentarán millares de
gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han
brillado sobre la tierra, y contemplaréis afligidos que
casi toda la tierra ha sido, y aún es, víctima de sus
gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres,
mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género
humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el
horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver
nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo
como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles
conductores. La naturaleza a la verdad nos dota, al nacer,
del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión
inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa
tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al
contemplarla en este estado de prostitución, parece que
tenemos razón para persuadimos que los más de los hombres
tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más
cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el
peso de la tiranía. ¡Ojalá que esta máxima contraria a
la moral de la naturaleza fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima
no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con
respecto a sus derechos más sagrados!
Muchas
naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero
son rarísimas las que han sabido gozar algunos preciosos
momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos
vicios políticos; porque son los pueblos más bien que los
gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito
de la dominación los hace insensibles a los encantos del
honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia
la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la
tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos
del universo proclaman esta espantosa verdad...
Los
ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución,
intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política.
Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en
Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para
corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión
es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro
sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad
establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen
todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está
sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo
está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la
obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar
la virtud y no todos lo practican; todos deben ser valerosos
y todos no lo son; todos deben poseer talentos y todos no
los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se
observa entre los individuos de la sociedad más
liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política
es generalmente reconocido, no lo es menos el de la
desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los
hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y
caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque
colocan al individuo en la sociedad para que la educación,
la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den
una igualdad ficticia, propiamente llamada política y
social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión
de todas las clases en un estado, en que la diversidad se
multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por
este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia.
¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!...
El sistema
de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de
felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor
suma de estabilidad política."
